martes, 6 de mayo de 2008

Aresta Brucs a la Saca Gran




Este domingo llevamos a Óscar a escalar. Queríamos algo sencillo, pero que también tuviera un poco de altura. Buscando por ahí encontramos esta vía de Riera y Cerdá, que este año hace las bodas de oro, y acertamos. Con la cuerda por arriba se hace bastante bien. Tiene un par de pequeñas travesías pero no son problemáticas. Yendo de primero tampoco es un paseo, dos seguros por largo no dan para muchas alegrías, hay que ir atento.

Subir a Montserrat un domingo primaveral a mediodía es una odisea. El párking del monasterio está lleno, pero los Mossos nos dejan pasar hacia Can Massana. Allí también cuesta encontrar un sitio, pero logramos aparcar. El camino de las Portellas es entretenido, con alguna trepadilla, y un tramo con cuerda fija, y enseguida estamos al pie de vía. Hay un parabolt encima de una encina hermosa.

L1 (30 mts. IV): Para llegar al parabolt entro por la izquierda, por una placa lisa, chapo un buril, creo que de la vía Stephanie, y me encaramo a la encina. También se puede llegar a la encina por la fisura, por la derecha, algo terroso. El largo sigue la fisura, a mitad tumba bastante y hay otro parabolt. Otro tramo de cuarto por la fisura ancha hasta que se acaba. Entonces hay un clavo oxidado cabeza abajo, y una travesía a la derecha hasta la reunión. Si te abstraes del clavo y de donde para el anterior seguro es bastante sencillo. Dos parabolts con anilla. A Óscar le cuesta un poco ponerse a escalar, pero luego sube bien. La travesía final, fácil pero con posible pendulillo, no le supone ningún problema. La reunión es casi colgada, y le impresiona bastante.

L2(30 mts. IV+): Comienza por un muro tieso a buscar un parabolt. Después de chaparlo ya no hay problemas, unos metros más tiesos, una baumeta con un cintajo (mejor chaparlo sin mirar de dónde está cogido) y luego tumba. En la rampa tumbada hay otro párabolt, y se sale a una cómoda y soleada terraza. Un poco a la izquierda esta la R2, otra vez parabolts con anillas. Óscar pasa sin problemas, y está más cómodo en esta R que en la anterior. Aquí se puede sentar, y ver el paisaje, y hacer fotos.

L3(30 mts, IV): Se sale todo a estribor, para buscar la zona más tumbada. Hay un parabolt y un buril antes de alcanzar una buena laja. Bordeándola por la derecha encontramos el segundo parabolt. Luego, nos incorporamos a ella y ya fácil tiramos a cima. Un poco antes está la R3, dos parabolts. A Óscar se le amontona la travesía bajo la laja. Tiene buenos pies, y tirando de invertido sale cómoda, pero no es demasiado intuitivo. Después de un rato, Montse acaba convenciéndole de que puede hacerlo, y acaban llegando los dos a cima.

Corre algo de aire, así que monto un pasamanos hasta el rápel, en la otra cara de la aguja. La instalación da un poco de cosa al verla, pero mirándola bien resulta sólida. Comemos algo, disfrutamos del ambiente y para abajo. Un corto rápel nos deja en un colladito, y de ahí, una canal con algún destrepe de II en el pie de vía. Usamos la cuerda para asegurar a Óscar, pero se baja sin problemas, teniendo un poco de cuidado con las piedras sueltas.

Ya de vuelta al coche volvemos a sacar la cuerda para descolgar a Óscar en el tramo de cuerda fija. Después de haber estado por ahí arriba se le nota más cómodo con las cuerdas.

lunes, 5 de mayo de 2008

Via de los Seracs al Petit Vignemale.

Cuando llegamos el jueves al refu de Oulettes, el guarda nos dijo dos cosas buenas. Que nos hacía un hueco para dormir y que además podíamos echarnos una siesta. Las cuatro buenas horas de aproximación nos habían dejado tocados, así que aprovechamos y comimos y descansamos, y cenamos, y descansamos más. Con todo eso, juntamos energía para bajar a desayunar a las cuatro de la mañana, y prepararnos las cosas.

A las cinco de la mañana, un rehielo justito nos permitió atravesar el llano de Oulettes sin casi hundirnos. Más adelante veíamos los frontales de una cordada que se preparaba en la rimaya del Gaube. Después, nieve dura para salvar la pendiente hasta el pie de vía. Ya llegando nos adelanta una pareja de franceses. Nos vendrá bien, porque en el glaciar la nieve no ha acabado de transformar, y les toca a ellos abrir la huella.

Justo amanece cuando llegamos al pie de vía. Los seracs esta vez no presentan mucha dificultad. Pero el viento sopla fuerte, así que no está el tema para hacer florituras, y tiramos por la izquierda, por la huella hecha. Lo que suele ser el paso complicado de la vía en esta ocasión está de (PD, 45º). Se puede proteger con un tornillo, pero no hace falta. Arriba de los seracs la vía se tumba, y cambiamos a ensamble corto.

Seguimos remontando hasta colocarnos bajo el collado de los glaciares. Una gran vira diagonal que se va empinando poco a poco hasta llegar a 50º. Esto ya no es PD, y la nieve, sin estar mal, tampoco es del todo sólida. Un par de pasos delicados, con poca nieve y roca casi aflorando, y se vuelve a poner más tranquilo el tema. Las vistas hacia Chausenque y la aguja de los Glaciares son espectaculares ya.

Una canal ancha nos deja en la arista, a pocos metros de la cima, donde hay mucho aire. Pero mucho. No viento, que sopla lo normal, sino patio. Un pasito en roca (I) da paso a una afilada arista, donde tengo una pelea con mi vértigo. Primero me manejo a caballo entre las dos vertientes, y luego me arrastro como puedo, más bien por el lado norte, hasta llegar a cima. Montse en cambio, pasa más cómoda, caminando sobre el filo.

Saludamos a los franceses que amablemente se han currado toda la huella, nos hacemos fotos mutuamente y bajamos ligeros. De cima, un descenso rápido nos planta en un momento en el llano de Oulettes mientras vemos que la cordada del Gaube sale por arriba. La cascada tiene buen color. Es temprano aún, pero el rehielo nos ha abandonado, y se requiere un esfuerzo adicional en el llano para alcanzar la terraza con cervecita. Hemos hecho un tiempo que ni nos lo creemos, gracias a que las buenas condiciones en los seracs, pese a quitarle un poco de salsa a la vía, permiten hacerla rápido. De todas formas, las rampas de la parte superior y el pequeño tramo de arista hacen que la ruta mantenga el carácter alpino.

Refugio de Oulettes de Gaube


Este puente visitamos de nuevo el refugio de Oulètes de Gaube. Y de nuevo quedamos encantados por el lugar, que es una delicia en cualquier época del año, por el refugio, muy acogedor después de la remodelación, pero sobre todo, por el trato por parte de Juan Tomás y el resto del equipo que lo lleva. Aún con el refugio a tope no baja el nivel. Cinco estrellas.

El refugio permanece guardado de marzo a septiembre, y los fines de semana de octubre. El teléfono del refu es +33 (o) 5 62 92 52 97 .



Llegamos y nos registramos:

-Tú has estado aquí antes, ¿no?- me pregunta Jean Thomas.
-¿Yo?. Pues no me acuerdo muy bien- me hago el sueco, no fuera que la última vez nos dejáramos alguna cerveza sin pagar.
-Sí, hace cuatro años. Y estuviste cenando en aquella mesa. - me dice, señalando donde estuvimos cenando. - Tengo una foto tuya.

Ya me imagino mi foto en la pared de la cocina del refugio, con un Se Busca. Recompensa 3$ debajo. Pero no, me explica que le había llamado la atención que estuviera cenando en el refugio con las gafas de sol puestas, y que tenía la foto por ahí. Al día siguiente, al bajar del monte nos enseñó la foto, y ahí aparezco, en la mesa que había dicho.

Oulettes es un lugar especial, que trae recuerdos, algunos buenos, y otros bastante duros. Los guardamos todos en la mochila y reanudamos el camino.