Via de los Seracs al Petit Vignemale.
Cuando llegamos el jueves al refu de Oulettes, el guarda nos dijo dos cosas buenas. Que nos hacía un hueco para dormir y que además podíamos echarnos una siesta. Las cuatro buenas horas de aproximación nos habían dejado tocados, así que aprovechamos y comimos y descansamos, y cenamos, y descansamos más. Con todo eso, juntamos energía para bajar a desayunar a las cuatro de la mañana, y prepararnos las cosas.
A las cinco de la mañana, un rehielo justito nos permitió atravesar el llano de Oulettes sin casi hundirnos. Más adelante veíamos los frontales de una cordada que se preparaba en la rimaya del Gaube. Después, nieve dura para salvar la pendiente hasta el pie de vía. Ya llegando nos adelanta una pareja de franceses. Nos vendrá bien, porque en el glaciar la nieve no ha acabado de transformar, y les toca a ellos abrir la huella.
Justo amanece cuando llegamos al pie de vía. Los seracs esta vez no presentan mucha dificultad. Pero el viento sopla fuerte, así que no está el tema para hacer florituras, y tiramos por la izquierda, por la huella hecha. Lo que suele ser el paso complicado de la vía en esta ocasión está de (PD, 45º). Se puede proteger con un tornillo, pero no hace falta. Arriba de los seracs la vía se tumba, y cambiamos a ensamble corto.
Seguimos remontando hasta colocarnos bajo el collado de los glaciares. Una gran vira diagonal que se va empinando poco a poco hasta llegar a 50º. Esto ya no es PD, y la nieve, sin estar mal, tampoco es del todo sólida. Un par de pasos delicados, con poca nieve y roca casi aflorando, y se vuelve a poner más tranquilo el tema. Las vistas hacia Chausenque y la aguja de los Glaciares son espectaculares ya.
Una canal ancha nos deja en la arista, a pocos metros de la cima, donde hay mucho aire. Pero mucho. No viento, que sopla lo normal, sino patio. Un pasito en roca (I) da paso a una afilada arista, donde tengo una pelea con mi vértigo. Primero me manejo a caballo entre las dos vertientes, y luego me arrastro como puedo, más bien por el lado norte, hasta llegar a cima. Montse en cambio, pasa más cómoda, caminando sobre el filo.Saludamos a los franceses que amablemente se han currado toda la huella, nos hacemos fotos mutuamente y bajamos ligeros. De cima, un descenso rápido nos planta en un momento en el llano de Oulettes mientras vemos que la cordada del Gaube sale por arriba. La cascada tiene buen color. Es temprano aún, pero el rehielo nos ha abandonado, y se requiere un esfuerzo adicional en el llano para alcanzar la terraza con cervecita. Hemos hecho un tiempo que ni nos lo creemos, gracias a que las buenas condiciones en los seracs, pese a quitarle un poco de salsa a la vía, permiten hacerla rápido. De todas formas, las rampas de la parte superior y el pequeño tramo de arista hacen que la ruta mantenga el carácter alpino.