Anorexia al Mallo Colorado. Riglos Invernal.
... Aún llegamos a tiempo de ver la puesta del sol en los mallos de Riglos. Vamos al nuevo refugio de Montañeros de Aragón, donde nos atienden de maravilla. Además, ducha, cena y sábanas limpias para dormir.El domingo por la mañana nos levantamos sin prisa. Aún hace frío, y el día está algo gris. Nos damos un paseo por la base de las paredes, donde sólo una pareja se atreve a acercarse a la murciana al Pisón. Casi a las once vemos que el día no va a mejorar mucho, así que nos decidimos a ponernos en faena con lo que tenemos. Y nos acercamos al Mallo Colorado a hacer la Anorexia. En veinte minutos desde el depósito se llega a la base de la pared. Nos preparamos rápido y comienzo a escalar. Hay un paso casi al principio. No es demasiado duro, pero todavía la roca está muy fría, y yo también. A pesar de todo, lo supero, y sigo camino de la reunión. Antes de llegar veo que empieza a nevar. Nada serio, pero es señal del frío que hace. Ya en la R me pongo los guantes para recuperar la cuerda y a mis compañeras de escalada.
En cuanto llegan, seguimos para arriba. El segundo largo es un poco más duro, o soy yo que estoy más frío, y tengo que acerar en la parte inferior. Después es más tumbado, y se hace rápido. En la R2 me alegro de nuevo de haber cogido los guantes. Sigue cayendo algo de agua. La roca está algo húmeda, no molesta para escalar pero sí que enfría antes los dedos.
El tercer largo empieza muy tumbado, y se acaba andando. Es más fácil escalar que dar cuerda. En un momento se llega al pie del último resalte. La R3 es bastante expuesta al viento, con lo que en cuanto puedo me voy directo a la cima.
El cuarto largo es sencillito. Tiene sólo una minipanza, que intento sacar con guantes, pero me los tengo que quitar para poder seguir. Después, fácil hasta la R. Con las prisas me he olvidado el aparato asegurador abajo. Como al menos tengo dos mosquetones de seguro, hago un dinámico autoblocante, o Remy, para recuperar a Montse, que ya trae el Toucan. Sube después Silvia, justo cuando estoy dejando de sentir los dedos de los pies.Queda un rápel de treinta y cinco metros hasta abajo. Al tirar las cuerdas, el viento se las lleva hacia Francia, y las enreda estratégicamente en una sabina. Hay que hacer una película para desenredarlas y poder llegar al suelo. Abajo ya hace menos aire, y calzados y con las manos más calientes bajamos presurosos a buscar un bocata al bar de Toño. Ya llegando al coche sale el sol, como riéndose de nosotros y del frío que nos había hecho pasar.