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jueves, 5 de junio de 2008

Turós de Cellecs desde Sant Bartomeu

El miércoles, caminata vespertina por Céllecs, en la Sierra de la Marina, Con David, David , Esther, e Irene.

Recorrido sin grandes complicaciones, partiendo de la érmita de Sant Bartomeu de Cabanyes. De los muchos senderos que salen de ella, tomamos uno que llanea hacia el Oeste, hasta encontrarnos con las indicaciones del PR-C36. Para alcanzar el Turó de Cellecs hay que subir a la izquierda. En cambio, decidimos bajar un poco por el mismo sendero, para visitar el dolmen del Plat del Molí.

A pesar de que localizamos una señal que nos indica la proximidad del dolmen, no logramos encontrarlo, y después de un buen rato arriba y abajo, abandonamos la búsqueda, y tomamos el PR para arriba, en dirección al Turó de Mataró. Sin ninguna complicación alcanzamos su cima, coronada por una torre de vigilancia, y situada sobre el sector de escalada Contravent.

Después, continuamos hacia el Sur, por una pista forestal, hasta encontrarnos con una señal que nos indica el acceso al Turó de Céllecs. Siguiendo el sendero en unos minutos se alcanza la cima, circunvalada por una muralla, que en sus tiempos albergó un poblado ibero. Retornamos a la pista y continuamos hacia el Sur, hacia el Turó Rodó, cuya cima, circunvalada por una alambrada, alberga una explendida colección de radioenlaces y emisoras variadas. Además, hay un bloque de granito y un vértice geodésico.

Continuamos hacia el Sur por la pista, que desciende haciendo zetas, hasta encontrar un desvío a la izquierda que nos lleva a Can Tarascó. Allí, tomamos la pista hacia el Norte que, bordeando los Turós por el Este, vuelve a Sant Bartomeu.


lunes, 2 de junio de 2008

Moncayo

El domingo, tomando como excusa pasarnos por Zaragoza a visitar a Emilio y Nadia, nos acercamos al Moncayo. Después de mucho tiempo pasando junto a su base, por la Carrasca, y de situarlo en el horizonte en las cimas del pirineo occidental, por fin le tocó el turno.

Partimos desde la pista del Santuario, unos metros por debajo de este, acompañados por Madveras y Loybcn. El día está regular, con niebla que va y viene. El sendero, cómodo, marcado y señalizado, nos lleva en tres cuartos de hora a la base del circo glaciar de San Miguel. Las lluvias de mayo han dejado el bosque pletórico, y es una maravilla pasear por él.

En el circo subimos por la pedrera, por la izquierda. El sendero sigue estando muy marcado, y únicamente la fuerte pendiente dificulta el paso. Poco a poco vamos ganando altura, y tras casi una hora haciendo zetas, llegamos a un colladito.

Aquí, la situación atmosférica cambia. Nos hemos metido en la boina de nubes que cubre el Moncayo, comienza a soplar el viento y a llover suave. Y la visibilidad se reduce de forma preocupante. Como no llevamos mapa ni brújula, igual nos da ir para un lado que para otro, y elegimos el camino equivocado. Tiramos hacia la izquierda, por un camino poco marcado, y lo abandonamos para acabar subiendo recto hasta llegar a lo más alto de una loma poco marcada. Hay un buzón con una tarjeta dentro que dice Moncayo , y unos muretes que aprovechamos para tomar el bocadillo, a refugio del viento. No nos convence mucho que en la cima del Moncayo no haya un vértice geodésico, así que recorremos la loma en busca del punto más alto. No tardamos mucho en llegar de vuelta al colladito, y darnos cuenta de que ni nosotros ni el que había dejado la tarjeta en el buzón, habíamos llegado a la cima. En realidad habíamos estado en el Alto del Corralejo, o Morca.

Una segunda ojeada a las señales del collado nos lleva a localizar el camino correcto, y, esta vez sí, ponemos rumbo a la cima, pasando por el cerro de San Juan, por la arista. Andamos rozando la cota de nieve, y llueve del lado del Circo de San Miguel, por lo que subiendo el lado derecho del cuerpo se nos queda helado. En diez minutos, una aglomeración de vértices, cruces y pirulos varios nos indican sin duda que hemos llegado a la cima, donde llueve, graniza y sopla viento fuerte. Como no hay quien pare, nos damos la vuelta, para que se nos moje también el lado izquierdo del cuerpo. Otros diez minutos para el otro lado, y enseguida abandonamos la arista cimera para bajar hacia el circo de San Miguel. El viento y la lluvia amainan, y el descenso hasta el punto de partida es cómodo y rápido. Desde el santuario, ida y vuelta son tres horas más las paradas, que con buen tiempo deben ser largas, para admirar las vistas desde arriba.



lunes, 12 de noviembre de 2007

La Facu de Canyelles

Este sábado por la mañana localizamos a Òskar, que ya había quedado para ir a la Facu. Salimos algo tarde, y al llegar al párking ya vimos un avance de lo que nos esperaba. Aparcamos a dos ruedas, porque no había otra, y saludamos a los allí presentes: el propio Òskar, Rul, Santi y Melissa. Nos dirigimos hacia el sector derecho, pero antes de llegar ya tenemos que dar un primer rodeo para evitar un primer cursillo, de unas veinte personas. Y la parte derecha de la pared está ocupada por otro cursillo, menos numeroso, pero lleno de caras conocidas: Gatta, Joan Franch, Irene y Madveras. Así que nos encontramos en un sector/escuela, con más personas que vías, lo cuál hace que la experiencia no sea especialmente agradable. Y si además, las cosas no se dan demasiado bien

Así que nos metemos en la zona de la Carmen, todo V+, más o menos. Ya tengo los gatos puestos cuando oigo IV+, y cambio Carmen por Anna, IV+ . En buena hora, peno lo mismo que hubiera hecho en el V+, y además al llegar a la reunión, veo que es comun con la del Curso del C.E.Madteam. Hay una cuerda fija pasada y una doble para hacer toprope, y no cabe ni un mosquetón. Así que paso una cinta por la cadena y me descuelgo de allí.

Detrás sube Montse, mucho más fácil que yo, y dejamos la vía montada para que Melissa se estrene en esto de la escalada. Me meto en Rosa Maria, V+. Hay tres minitechos, y me cuelgo en los tres. Necesito ir al gimnasio ya. A Montse tampoco le atraen las vías atléticas, pero llega hasta arriba en la mitad de tiempo que yo.

Para acabar de arrastrarme, me meto en Carmen, V+, con lo que otrora me hubiera parecido un techo precioso. Otro buen rato colgado de la cuerda. El techo se comparte con un panal de abejas, a una distancia prudencial, y se está oyendo el zumbido de las abejas cual espada de Damocles. No son agresivas, pero impresiona un poco. Cuando me acuerdo de que hay que arrimar a la pared la cadera contraria salgo para arriba, con poco arte, y consigo desmontar la vía.

Quintosmases 2-Quintín 0, y como no hay visos de remontada, nos acercamos a donde está Òskar, que ha montado La Bomba, 6c, vemos a Rul encadenar Marta 82, 6a, a Santi probarla y también a Melissa que para ser su primer día se le da realmente bien.

jueves, 12 de abril de 2007

Toubkal

Suena el despertador a las seis de la mañana. Hace frío fuera del saco, y cuesta moverse. El agua se ha congelado dentro de la tienda, habrá hecho -10ºC o así. Nos preparamos, sin darnos demasiada prisa, y echamos a andar. Sigue haciendo mucho frío. Pasamos el refugio, ya ha salido casi todo el mundo, pero tampoco es que haya mucha urgencia. El tiempo es bastante estable en esta época del año, lo que quiere decir que a partir de mediodía las nubes de evolución tapan las cimas, y también sube niebla del fondo del valle, pudiendo acabar todo en una tormenta de nieve, pero hasta las dos del mediodía no hay demasiada prisa.
Hay un rehielo brutal, la nieve cruje bajo los crampones, y es lo único que se escucha. Vamos subiendo hacia el falso collado. De los 3200 metros hasta los 3700 es una pendiente convexa, en la que no ves más de una pequeña parte de lo que queda por delante, así que avanzamos poco a poco hasta que aparece el sol. Y el frío intenso desaparece de repente. Hay que darse crema, ponerse las gafas de sol y quitarse ropa hasta quedarse en camiseta. La subida por el Ikhibi sur no tiene misterio. Primero se pasa junto a la cascada del refugio, después se alcanza el bosque de bloques de piedra, se llega a la olla bajo el Tizi'n'Toubkal y se sube casi hasta el collado. En este punto, Toni, que está muy fuerte y siempre va por delante, se desvía, como estaba previsto hacia el Toubkal Oeste. Montse y yo le seguimos como podemos. Cuando llegamos a la cima él ya lleva un rato. Unas fotos, esperamos un poco, pero vemos que el resto del grupo ha decidido renunciar a esta cima secundaria y dirigirse a la cumbre principal. Así que desandamos nuestros pasos, volvemos al collado, y atacamos ya la cima del día. De camino nos cruzamos con bien de gente que baja, y alcanzamos a David, Irene, David y Esther. Él tramo final es una cuesta de tierra, no demasiado incómoda, y arriba hay una pala de nieve demasiado helada como para hacerla sin crampones. Y un último tramo, de 15 o 20 º de inclinación, en el que se notan los efectos de la altura. Foto de grupo con el horrible vértice geodésico, techo para Esther, y dudas para la bajada. Yo quiero hacer el Imouzzer, colecciono cimas (alias tatxamendi), Toni se va a subir a cualquier cosa que le pongan delante y el resto del grupo anda algo más cansado, y prefiere bajar por lo sencillo. David comenta que la bajada por el Ikhibi norte no es complicada, y acabamos tirando por allí. En el collado Norte David, Toni y yo dejamos las cosas para subir al Imouzzer, y el resto bajan con calma. La cima del Imouzzer es una sorpresa. Se suben un par de falsas cimas, con algún destrepe sencillo hasta que se llega a la brecha que defiende la auténtica cima. Bajar directo a la brecha parece chungo, pero por la derecha se va bien, y se recupera la brecha por un corredor. Y ahí llega el paso de la risa, dos o tres metros de II donde la gracia está en la entrada, ya que hay que abrir un pie al vacío, colocarlo en el sitio bueno, y subirse a él. Foto de cima, y rápido para abajo, que ya se nos ha echado la niebla. La bajada por el Ikhibi Norte es muy recomendable, apenas llega a 40º en algún punto, y no es tan concurrida como la sur. Al llegar al fondo del valle principal hay que ir arrimándose a la izquierda para no bajar metros de más, y llegar a la zona de acampada bajo el refugio sin apenas perder altura.

Subiendo al Neltner

El jueves toca subir al refugio. David y Esther vuelven temprano a Marrakech en busca del petate perdido, y el resto del grupo nos quedamos durmiendo un poco más, y nos levantamos con calma a desayunar. La idea es buscar mulas para subir todos los bultos hasta el refugio, montar allí las tiendas, y esperar a David y Esther, que subiran con una mula el otro petate. Después de desayunar, le pedimos a un colega de Habib que nos busque mulas para subir a las once de la mañana, y nos quedamos esperando, sin estresarnos. Al cabo de un buen rato vuelve, con malas noticias. Hay overbooking de mulas, lo cual no es de extrañar, porque en las inmediaciones de Imlil habíamos visto cuatro o cinco autobuses, a parte de la gente que llega en furgo, coche o taxi. Toca esperar. Bajo con Habib y David a Imlil a tratar de negociar mulas, hablamos con el jefe del cotarro, y después de un rato, nos confirma cuatro mulas a la una y media. Contando cinco horas de subida, nos va a tocar montar la tienda con el frontal, pero es lo que hay. Al menos, algo de bueno, David y Esther ya han recuperado el petate, y están volviendo a Imlil, así que saldremos todos juntos para arriba.
Rumbo al refugio
Como estamos al este de Imlil, subimos directamente por Aremd, en lugar de pasar junto a la Kashbah del Toubkal. A la salida de Aremd ya nos unimos al camino habitual, que cruza el cauce seco del río, y coge altura por la ladera derecha rumbo a Sidi Chamarouch. En una hora y media llegamos a este curioso lugar de peregrinación, a 2200 metros de altura. Nos cruzamos con algunos peregrinos, que vienen de todas partes del país para curar sus enfermedades. Es un sitio pequeño y curioso, donde convive el santuario, y la gran piedra blanca con chiringuitos para turistas. Nos tomamos un té a la menta, y continuamos nuestro camino. A unos 2700 metros pasamos a la altura de la Norte del Imouzzer, un largo corredor, de más de 1000 metros de desnivel, con resaltes de hielo azul. Las condiciones pintan bien.
Seguimos valle arriba, y poco a poco, acabamos llegando al refugio Louis Neltner . A pesar del gentío, apenas hay una docena de tiendas, así que no hay problema para encontrar sitio para plantar las nuestras. Ponemos agua a calentar mientras montamos las tiendas, anochece, en un momento la temperatura baja a -4ºC, así que nos acostamos pronto, y quedamos en levantarnos a las 6 de la mañana, para hacer un intento al Toubkal.