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lunes, 16 de abril de 2007

Akioud

El domingo, para acabar nuestra estancia en Marruecos, toca el Akioud. El monte me trae buenos recuerdos, en 2003 cerca del refu nos cruzamos con Julipo, que volvía de una ascensión nocturna al Ras, y aún así nos acompañó hasta la cima. Aquel año también se me partió un crampón en la cima, lo que hizo más entretenido el destrepe hacia el collado.
La subida de este año fue más tranquila. Habíamos fijado las siete como hora para comenzar la marcha, y veinte minutos antes aún estábamos en el saco. Nos vestimos rápidamente, no desayunamos y echamos a andar. Pasada la garganta de Amrhanas'n'Iglioua nos da el sol y reaccionamos un poco. Marcamos un ritmo suave, pero muy constante, y en dos horas y media ya hemos llegado al collado. De hay para arriba quedan 150 metros de terreno PD: unas pendientes de hasta 45º a la sombra del gendarme, bastante heladas, y un tramo de arista fácil (I) nos colocan en la cima. Buenas vistas, foto de grupo, y a bajar. En la bajada nos cruzamos con Brahim, que va guiando su grupo, y nos saluda con la simpatía habitual. Ya en el collado, nos descramponamos, subimos al pirulo que está al Norte (III por la cara Norte, I por la cara Sur), y nos dejamos deslizar ladera abajo, en una rápida bajada hasta el refu. En el refu, desmontamos el chiringo, comemos algo, cargamos las mulas y comenzamos el descenso a Imlil. Llegamos al pueblo, sin circunstancias reseñables, otra vez que casi no hay taxis, pero acaban apareciendo (350 dirhams) , llegamos de noche a Marrakech, disfrutamos del caos del tráfico mezclándonos con él, y atravesamos Djema el Fna de nuevo rumbo al hotel. El hotel, pues bueno, bien situado, en el zoco, con baño en las habitaciones (ya tocaba ducharse), pero con un precio desproporcionado. Cenar en el Alhambra, y a dormir.

jueves, 12 de abril de 2007

Subiendo al Neltner

El jueves toca subir al refugio. David y Esther vuelven temprano a Marrakech en busca del petate perdido, y el resto del grupo nos quedamos durmiendo un poco más, y nos levantamos con calma a desayunar. La idea es buscar mulas para subir todos los bultos hasta el refugio, montar allí las tiendas, y esperar a David y Esther, que subiran con una mula el otro petate. Después de desayunar, le pedimos a un colega de Habib que nos busque mulas para subir a las once de la mañana, y nos quedamos esperando, sin estresarnos. Al cabo de un buen rato vuelve, con malas noticias. Hay overbooking de mulas, lo cual no es de extrañar, porque en las inmediaciones de Imlil habíamos visto cuatro o cinco autobuses, a parte de la gente que llega en furgo, coche o taxi. Toca esperar. Bajo con Habib y David a Imlil a tratar de negociar mulas, hablamos con el jefe del cotarro, y después de un rato, nos confirma cuatro mulas a la una y media. Contando cinco horas de subida, nos va a tocar montar la tienda con el frontal, pero es lo que hay. Al menos, algo de bueno, David y Esther ya han recuperado el petate, y están volviendo a Imlil, así que saldremos todos juntos para arriba.
Rumbo al refugio
Como estamos al este de Imlil, subimos directamente por Aremd, en lugar de pasar junto a la Kashbah del Toubkal. A la salida de Aremd ya nos unimos al camino habitual, que cruza el cauce seco del río, y coge altura por la ladera derecha rumbo a Sidi Chamarouch. En una hora y media llegamos a este curioso lugar de peregrinación, a 2200 metros de altura. Nos cruzamos con algunos peregrinos, que vienen de todas partes del país para curar sus enfermedades. Es un sitio pequeño y curioso, donde convive el santuario, y la gran piedra blanca con chiringuitos para turistas. Nos tomamos un té a la menta, y continuamos nuestro camino. A unos 2700 metros pasamos a la altura de la Norte del Imouzzer, un largo corredor, de más de 1000 metros de desnivel, con resaltes de hielo azul. Las condiciones pintan bien.
Seguimos valle arriba, y poco a poco, acabamos llegando al refugio Louis Neltner . A pesar del gentío, apenas hay una docena de tiendas, así que no hay problema para encontrar sitio para plantar las nuestras. Ponemos agua a calentar mientras montamos las tiendas, anochece, en un momento la temperatura baja a -4ºC, así que nos acostamos pronto, y quedamos en levantarnos a las 6 de la mañana, para hacer un intento al Toubkal.

martes, 10 de abril de 2007

Marrakech. Episodio I

Madrugamos para llegar al Aeropuerto del Prat. Facturamos, desayunamos y pasamos a la sala de embarque. ClickAir no asigna asientos, así que "tonto el último", según entras en el avión te sientas. El vuelo sale bastante puntual, y aterrizamos disfrutando de unas primeras vistas del Atlas, que desde lejos parece estar bien de nieve en cotas altas.
Pasamos la aduana, recogemos el equipaje, los de seguridad nos escanean los petates y casi nos requisan los walkies del Lidl (443 MHz), por no llevar licencia. Sacamos pasta, y salimos a la calle a buscar un taxi para subir a Imlil. Son las once de la mañana, tenemos tiempo de sobra.
¿Un taxi?
Lo habitual es tener que abrirse paso a la entrada del aeropuerto, apartando a los taxistas, pero esta vez no. No se ven taxis, ni grandes ni pequeños. Se forma una cola para esperar el autobús, y un asturiano con acento gallego nos cuenta que hay huelga de taxis, que puede que se arregle por la tarde, pero que lo único para salir del aeropuerto es el bus. Tomamos pues el bus, y nos acercamos a Djema el Fna, para intentar negociar un transporte. Del Hotel Ali nos redirigen a Sahara Expeditions. Nos atienden de forma amable, y después de hacer bastantes llamadas, nos consiguen un transporte para siete a última hora de la tarde, por 1400 dirhams. Nos piden 600 dirhams de fianza, y dejamos la pasta y todo el material en la agencia, y nos vamos a tomar un zumo de naranja en Djema el Fna y un té a la menta en la Koutoubia, sin saber que vamos a encontrarnos luego. La desconfianza es una mala cosa, aquello de que te vas un mes de vacaciones, y te lo pasas entero pensando que tal vez te has dejado abierto el gas.
A las cinco y media nos pasamos por la agencia, y justo llega el chofer, media hora antes de lo acordado. Los petates están, claro, y el minibus es amplio y confortable. Le decimos que hay que ir al aeropuerto, y nos piden más pasta. El trato es casi usurero, pero con la huelga de taxis, el margen de negociación es mínimo.
Vuelta al aeropuerto.
Cuando crees que ya todo está arreglado, las cosas se tuercen de verdad. El resto del grupo, que viene con Iberia, acaba de aterrizar y pasar la aduana, pero un petate no ha salido por la cinta. El panorama es desolador, está anocheciendo, Marrakech está lleno de turistas, conseguir una habitación es un marrón, conseguir otro transporte es otra pasta, así que aprovechamos lo que tenemos, y nos subimos todos para la montaña, esperando que el tiempo cambie. Llegamos a Imlil, hacemos un porteo tonto hasta el albergue de Habib , nos sirve un couscous excelente, nos enteramos de que el petate que falta existe y está en Barcelona aún, y nos vamos a dormir, por fin.