lunes, 9 de junio de 2008

GAM a la Portella Petita

El viernes nos acercamos a Can Massana una buena cuadrilla, con la novedad de Xavi, que se estrenaba en las salidas vespertinas en días laborables. Elegimos la GAM a la Portella Petita, una vía corta, en principio sencilla, y con la aproximación más corta de Agulles. En menos de veinte minutos se llega al pie de vía, evidente.



Para empezar, se arranca con una tirada de III, de unos treinta metros. Un pasito casi arriba y se llega a la reunión, con dos paraboles pequeños. Silvia se lo da de primera. El paso le parece algo raro, pero lo hace, y llega a la R.

La segunda tirada comienza con una pancita, con dos paraboles. Acero en ambos, pero para llegar al tercero hay que tirar en libre. La mochila me pesa, y el miedo más. Compruebo que estimar IV+ obligado para la vía era demasiado optimista. Destrepo a la chapa, dejo la mochila, y ya, únicamente con el peso del miedo, llego hasta el siguiente parabolt. A partir de ahí sí que parece que es IV, así que me descuelgo a por la mochila, y vuelvo a subir hasta la R2, situada bajo el techo, un poco a la derecha del filo del espolón.



De la R2 salimos por la derecha, para superar el desplome por una línea de clavos. Parece que la GAM sale por la izquierda, así que nos debimos meter en otra vía, seguramente la Sense Nom, a la derecha. El desplome es más marcado, pero hay tres seguros muy cerca, y con la fifi y un poco de A0 se pasa sin sudar mucho. Después hay algún buril camino a cima, y un muro tieso con bolos precioso. Sube Marisa, colocando los pedales y luego Montse, que rapela enseguida para hacer unas buenas fotos de Silvia y Xavi completando el estético último largo.



Con el sol cayendo en el horizonte nos juntamos todos en la cima. Xavi llega contento, también Silvia. Montse aparece también, para buscar el Gore y hacernos la foto de cima. Un corto rápel hacia el Este, desde dos spits con cadena y argolla, un poco de rélax, y se nos acaba haciendo tarde para llegar de vuelta.

Escalada sencilla, bonita, y muy recomendable. Es corta, pero se puede combinar con otras vías de la zona. Quinto obligado en el segundo largo.

jueves, 5 de junio de 2008

Turós de Cellecs desde Sant Bartomeu

El miércoles, caminata vespertina por Céllecs, en la Sierra de la Marina, Con David, David , Esther, e Irene.

Recorrido sin grandes complicaciones, partiendo de la érmita de Sant Bartomeu de Cabanyes. De los muchos senderos que salen de ella, tomamos uno que llanea hacia el Oeste, hasta encontrarnos con las indicaciones del PR-C36. Para alcanzar el Turó de Cellecs hay que subir a la izquierda. En cambio, decidimos bajar un poco por el mismo sendero, para visitar el dolmen del Plat del Molí.

A pesar de que localizamos una señal que nos indica la proximidad del dolmen, no logramos encontrarlo, y después de un buen rato arriba y abajo, abandonamos la búsqueda, y tomamos el PR para arriba, en dirección al Turó de Mataró. Sin ninguna complicación alcanzamos su cima, coronada por una torre de vigilancia, y situada sobre el sector de escalada Contravent.

Después, continuamos hacia el Sur, por una pista forestal, hasta encontrarnos con una señal que nos indica el acceso al Turó de Céllecs. Siguiendo el sendero en unos minutos se alcanza la cima, circunvalada por una muralla, que en sus tiempos albergó un poblado ibero. Retornamos a la pista y continuamos hacia el Sur, hacia el Turó Rodó, cuya cima, circunvalada por una alambrada, alberga una explendida colección de radioenlaces y emisoras variadas. Además, hay un bloque de granito y un vértice geodésico.

Continuamos hacia el Sur por la pista, que desciende haciendo zetas, hasta encontrar un desvío a la izquierda que nos lleva a Can Tarascó. Allí, tomamos la pista hacia el Norte que, bordeando los Turós por el Este, vuelve a Sant Bartomeu.


lunes, 2 de junio de 2008

Moncayo

El domingo, tomando como excusa pasarnos por Zaragoza a visitar a Emilio y Nadia, nos acercamos al Moncayo. Después de mucho tiempo pasando junto a su base, por la Carrasca, y de situarlo en el horizonte en las cimas del pirineo occidental, por fin le tocó el turno.

Partimos desde la pista del Santuario, unos metros por debajo de este, acompañados por Madveras y Loybcn. El día está regular, con niebla que va y viene. El sendero, cómodo, marcado y señalizado, nos lleva en tres cuartos de hora a la base del circo glaciar de San Miguel. Las lluvias de mayo han dejado el bosque pletórico, y es una maravilla pasear por él.

En el circo subimos por la pedrera, por la izquierda. El sendero sigue estando muy marcado, y únicamente la fuerte pendiente dificulta el paso. Poco a poco vamos ganando altura, y tras casi una hora haciendo zetas, llegamos a un colladito.

Aquí, la situación atmosférica cambia. Nos hemos metido en la boina de nubes que cubre el Moncayo, comienza a soplar el viento y a llover suave. Y la visibilidad se reduce de forma preocupante. Como no llevamos mapa ni brújula, igual nos da ir para un lado que para otro, y elegimos el camino equivocado. Tiramos hacia la izquierda, por un camino poco marcado, y lo abandonamos para acabar subiendo recto hasta llegar a lo más alto de una loma poco marcada. Hay un buzón con una tarjeta dentro que dice Moncayo , y unos muretes que aprovechamos para tomar el bocadillo, a refugio del viento. No nos convence mucho que en la cima del Moncayo no haya un vértice geodésico, así que recorremos la loma en busca del punto más alto. No tardamos mucho en llegar de vuelta al colladito, y darnos cuenta de que ni nosotros ni el que había dejado la tarjeta en el buzón, habíamos llegado a la cima. En realidad habíamos estado en el Alto del Corralejo, o Morca.

Una segunda ojeada a las señales del collado nos lleva a localizar el camino correcto, y, esta vez sí, ponemos rumbo a la cima, pasando por el cerro de San Juan, por la arista. Andamos rozando la cota de nieve, y llueve del lado del Circo de San Miguel, por lo que subiendo el lado derecho del cuerpo se nos queda helado. En diez minutos, una aglomeración de vértices, cruces y pirulos varios nos indican sin duda que hemos llegado a la cima, donde llueve, graniza y sopla viento fuerte. Como no hay quien pare, nos damos la vuelta, para que se nos moje también el lado izquierdo del cuerpo. Otros diez minutos para el otro lado, y enseguida abandonamos la arista cimera para bajar hacia el circo de San Miguel. El viento y la lluvia amainan, y el descenso hasta el punto de partida es cómodo y rápido. Desde el santuario, ida y vuelta son tres horas más las paradas, que con buen tiempo deben ser largas, para admirar las vistas desde arriba.