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martes, 15 de mayo de 2007

Posets por el corredor Jean Arlaud


Levantarse a la una y media de la mañana suele dar pereza, pero como habíamos pasado media noche de vivac a pelo bajo lluvia intermitente y otra media noche hacinados en el coche, pues tampoco se echa mucho de menos el saco. Así, con un par de horas dormidas entre los tres arrancamos para arriba, y cinco horas de penurias después tiré la siguiente foto, ya en la entrada del corredor.


Las informaciones de quince dias antes de Pau, y las fotos e informaciones recogidas sobre el terreno el dia anterior por el señor Horn nos presagiaban buenas condiciones, tirando a sencillo. Y así hubiera sido de no ser por un pequeño detalle: la meteo.

Las nubes habían impedido el rehielo, le toco a Lluis abrir huella todo el camino, y todo el corredor. Y lo peor era el viento, fuerte y muy racheado, que hacía peligroso el descenso por la arista Norte. Así, nos metimos en faena, barajando seriamente la opción de destrepar o rapelar el corredor.

Una vez dentro del corredor se nos olvidan todos los males. Hay que ir concentrado todo el tiempo, poniendo especial atención en los dos resaltes de hielo. El primero es un paso de superación, tieso pero corto, con hielo excelente al principio y peor cuando tumba. En el segundo hay 5 o 6 metros de hielo un poco más irregular, cubierto de nieve, a 60º. Después, terreno cuarenta y cinco hasta la cornisa, que parecía amenazante, pero no es para tanto, pequeñita, y apenas desploma, y se pasa por la izquierda a cuarenta y cinco. Dos horas muy agradables de corredor.

A la salida, vuelta a la realidad, viento huracanado en el collado, el destrepe es inviable, nos queda elegir entre cima y arista norte o bajar hacia el Sur, rodear Espadas y coger el GR11 para volver a Viadós, pero con niebla y sin mapa no nos convence, así que vamos a cima, from lost to the river. Bebemos un poco, hacemos la obligada foto de cima (yo quería foto y ellos no, así que les obligué), y emprendemos el descenso, por la arista norte.

Sesenta grados por la vertiente oeste, ochenta por la este y nosotros andando por un filo donde apenas caben los dos pies juntos. Con viento con rachas muy fuertes. No todo es malo, hay una huella excelente, y la nieve está muy bien. Lluis y Montse pasan cómodos, pero yo y mi vértigo decidimos que hay que ir con calma, me siento un rato con un pie a cada vertiente para respirar, y llego a la cima norte. Desde allí, la huella por la arista abandona el filo, se sigue un poco, y a la que se ve claro se baja a saco por palas de cuarenta y, hasta el glaciar.

Aquí hacemos una parada para contemplar el corredor, donde todavía andan un par de cordadas, nos cruzamos con la gente que sube, mitad a pie mitad foqueando, seguimos para abajo con nieve pasta, pero bastante huella, llegamos al bosque, logramos cruzarlo sin ver la cabaña del Clot, y sin perdernos, cruzamos la Palanca de Añes Cruces, y atravesamos las granjas de Viadós, nuestras particulares praderas de Valhalla, pues por fin podremos quitarnos las botas.

Han sido once horas de dura batalla, durmiendo poco, enfrentándonos a la lluvia, a la nieve, al viento, al frío, al cansancio, al miedo. Hacían falta muchas ganas, y tanto Montse como Lluis las tenían, y saber dónde se está, que lo sabían. Así, lo difícil se hace fácil, y lo duro se hace soportable.