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jueves, 30 de octubre de 2008

Wentchemna Pass

Lake Louise. Canadá. Agosto de 2007.

Después de un poco de mal tiempo, que no ayudaba a levantar nuestro maltrecho estado de ánimo, decidimos ponernos de nuevo en marcha. Esta vez el objetivo es alcanzar alguna de las cimas de los Ten Peaks. Vamos a la oficina del parque a solicitar los permisos. Uno de los requisitos es que se debe progresar en grupos de al menos cuatro personas, siempre juntos, siguiendo las precauciones habituales, manteniendo la comida lejos de las tiendas y comiendo también lejos de la tienda y del depósito de comida.

Buscamos un transporte hasta Lake Morraine, y comenzamos la aproximación. Es larga y vamos cargados, así que nos lo tomamos con calma. El recorrido invita, por el costado izquierdo del valle de los Ten Peaks, con espectaculares vistas a estos, destacando el Mount Fay y el Deltaform, con el Supercouloir en su cara norte. Por el camino, es difícil no observar ardillas, picas y marmotas en los alrededores del Lake Eiffel.

En cuatro horas llegamos a Wenkchemna Pass, collado donde acamparemos. Plantamos la tienda, y Tino y Xose se decantan por vivaquear. Cenamos algo, y decidimos la hora de salir. Ellos tienen en mente hacer el Deltaform (peak 8). Para ello hay que trepar al Neptuak (peak 9), bajar al collado y escalar algo de V para llegar a la cima del Deltafrom. A nosotros se nos hace duro, así que nos planteamos únicamente alcanzar la cima del Neptuak, 600 metros más arriba del collado donde estamos acampados. Por tanto, a ellos les tocará madrugar, y a nosotros no. Con esa idea nos acostamos.

Amanece. Y el viento sopla fuerte en el collado. Hace también un poco de frío, así que perreamos un poco. Bueno, perreo yo, y Montse se levanta a buscar el desayuno. De repente la oigo gritar algo. Antes de que me dé tiempo a reaccionar la veo entrar a la tienda, de cabeza, por el escaso palmo y medio que estaba abierta la cremallera, con las botas de montaña puestas.
-¡Hay un oso! ¡Muy grande! ¡Ahí! - está muy nerviosa.
-¿Dónde? - le pregunto, creyendo que el oso debe estar lejos, a media ladera.
-¡En la puerta! ¡Son tres! ¡Me han mirado! - sigue nerviosa.
Echo una ojeada por el agujero de ventilación de la tienda, y veo un oso, a unos diez o quince metros, caminando con calma. Un grizzly, sin ninguna duda. Es grande, nada que ver con los de la cordillera cantábrica. Y aún hay dos más, aunque no los veo. Qué mal rollo.

Esperamos un rato, confiando en la protección de una capa de nylon ripstop de una décima de milímetro de espesor. Es naranja fosforito, tal vez eso les espante. Cuando ya ha pasado un buen rato sacamos un brazo, con la cámara de fotos grabando vídeo a modo de periscopio. Parece que se han ido. Salimos fuera a ver. Ni rastro de los osos, que ya deben estar en otro valle. Han tocado el baggle del desayuno de Montse, pero no le han hecho mucho caso. También han pasado al lado del depósito de comida, pero no debían tener hambre. Es temporada de frutas del bosque, y no les debe faltar alimento. Menos mal.

Con todo, se nos acaban las ganas de estar ahí, y esperamos a que vuelvan los gallegos para abandonar el lugar. Con la tarea que tenían por delante, podía ser al anochecer, pero hacia el mediodía les vemos llegar. Cuentan que no han llegado ni al Neptuak, que se han embarcado en la trepada, y que para cuando han salido por arriba de un resalte se les había pasado el tiempo. Les contamos lo del oso, recogemos y nos marchamos.

Vamos a la casa del parque, en Lake Louise, a reportar el Grizzly encounter. Nos preguntan datos de los osos, si llevaba collar, cosas de esas. Les contamos que eran tres, madres y dos crías, todos de similar tamaño, pero que no les habíamos preguntado el nombre. Nos devuelven la pasta de la noche de más que habíamos pagado, y nos volvemos a Banff, a tomar chocolate caliente, que es lo único que se nos ha dado bien en este viaje.

lunes, 26 de mayo de 2008

Banff. Spray Slabs.

Spray Slabs es un sector de escalada deportiva, en las inmediaciones de Banff, en la margen derecha del Spray River. Se accede cómodamente desde el Banff Springs Hotel o el campo de Golf, en unos diez minutos. El equipamiento es normalmente bueno, con químicos, aunque las distancias entre seguros varían de unas vías a otras. Las vías son cortas, unos quince metros, y los grados van del 5.9 al 5.11c, más o menos. Una cosa característica es que el sector es una placa tumbada de pizarra, y la escalada es de adherencia sobre microrregletas, muy técnica.

Con un tiempo irregular, y sin ideas claras para subir al monte después de los fiascos anteriores, nos acercamos a las placas a hacer un poco de deportiva.

Para empezar, me meto en la vía más fácil, el 5.9. El primer seguro está algo lejos. Sufro hasta chaparlo y me bajo para que pruebe Montse. A ella eso de la adherencia, el equilibrio y colocarse se le da mejor, y va haciendo hasta llegar a la cadena. En algún punto la roca es regular, y algún canto se astilla, y hay que mirárselo un poco. La pruebo otra vez con las cintas puestas y la primera pasada, y tampoco me apaño mejor. De chapa a chapa, sufriendo mucho y saltándome algún paso en A0 logro llegar a la reunión y recuperar el material. Sufrir todo eso en la vía más fácil del sector no anima a seguir escalando.

Mientras, Xose le aprieta a un 5.10c. La inclinación es parecida en todas las vías, y lo que le da el grado es el tamaño de las regletas y las minirepisas.

Cuando se nos olvida el desánimo por la vía anterior, nos decidimos a probar Union Maid (5.10a). La vía aprovecha la transición entre dos placas de pizarra, y ofrece algún canto extra aparte de las microrregletas. Montse se la apunta sin problemas, colocándose bien. Yo, en cambio, aprovecho los cantos que hay para hacer una fuerza absurda para una vía de escalada técnica. Además, como los seguros están muy cerca no acabo de pasar miedo. Así, consigo apuntarme mi primer Five Ten.

El resto de las vías no tienen canto y son más duras, así que viendo que no tenemos nada más que rascar por allí nos volvemos a Banff a hacer el turista.

martes, 18 de diciembre de 2007

Spray River y Goat Creek

Después del Grand Sentinel volvemos a caminar sin medida, que al menos eso se nos da bien.

Esta vez arrancamos en dirección a Canmore. Desde Tunnel Mountain Campground, seguimos de nuevo el Hoodoo trail hasta el Banff Springs Hotel. Después viene un largo camino primero a orillas del Spray River, y después del Goat Creek. Son casi veinte kilómetros de sendero, bastante monótonos, que parecen más adecuados para ser recorridos en dos ruedas, combinándolos con el Mt. Rundle Trail, o en esquí de fondo cuando es temporada. A pie se hacen bastante pesados. Al menos vimos a una hembra de urogallo de las rocosas (Dendragapus obscurus) con sus pollos.

El sendero desemboca en la Spray Lakes Road, bajo el Ha Ling Peak. Aún nos queda un rato de pista polvorienta hasta Canmore. Atajamos por un recorrido de Downhill abandonado. Hace falta algo para bajar por ahí con la bici. Después, llegamos al Canmore Nordic Centre, donde se realizaron las competiciones de fondo durante los juegos olímpicos de invierno de Calgary, cruzamos Canmore y llegamos hasta la estación de autobuses diez minutos antes de que llegara el último bus para Banff. El billete de vuelta nos cuesta diez dólares, y es que nos habremos pateado unos cuarenta kilómetros.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Grand Sentinel


D
espués de un día de reposo, y de hablar con un escalador local, nos decantamos por intentar escalar el Grand Sentinel. Es una aguja de cuarcita, de unos 120 metros. Hay dos vías, una la cara sur, de 5.9, clásica, y otra, la Cardiac Arête, de corte deportivo, de 5.10d orientada hacia el NE. Nos prometen que la roca es buena, que es fácil de proteger y que las reuniones están con párabolts, así que nos vamos para allí.

Madrugamos, y a una hora decente estamos en el párking del lake Moraine. Hay más gente con cascos y cacharros, un guía nos pregunta a dónde vamos, nos comenta que él también va para allí, que el largo de 5.9 es muy bueno, y que hace falta el cámalot número 5, pero que nos lo deja. A mí me convence más el hecho de que el último largo tenga un escaqueo de 5.4 por la izquierda, pero aún así, es muy amable de su parte.

Hay buena luz, y echamos alguna foto al lago. Después, arrancamos a andar. Remontamos el bosque, y después, atravesamos las praderas del larch Valley, vemos perdices nivales en las orillas del Minnestimma Lake, y acometemos la subida final al Centinel Pass, más corta de lo que parece. Hay un grupo grande de gente, pero se van todos al Mount Temple.

Del collado se ve ya la aguja, terriblemente estética. Descendemos el campo de bloques y atravesamos las pedreras hasta alcanzar la base de la aguja, en un poco más de dos horas desde el párking.

En la cara Sur hay dos cordadas delante, toca esperar un poco. Hemos cometido el error de subir dos cuerdas, con una de 60 doblada da de sobra. Nos colgamos los trastos, Tino nos deja los cámalots del 2 y del 3, para que los tengamos repes, cosa que agradeceré más arriba, y cuando toca el turno tiro para arriba el primer largo. Es 5.4, pero se me hace duro, y tengo que proteger más de lo que esperaba. Además la roca está muy fría, y la cuarcita es algo rara. Recupero a Montse mientras se marcha el segundo de la cordada que nos precede. Veo a Tino, en la R1 de su vía, al oro lado de la aguja.

El segundo largo es 5.7, aunque cuando le di creía que era 5.6. La cosa es que es 5.7 yendo por lo fácil. Yo le doy por donde ha subido la cordada anterior, más o menos recto. Este largo es una serie de repisas cómodas, separadas por tramos verticales, con fisuras más o menos buenas. Hago el primero paso y meto un friend. Llego a la segunda repisa y meto el alien amarillo. Y aquí viene lo chungo, hay una fisura a la derecha, pero es tan pequeña que no me caben los dedos, ni ninguna de las piezas que llevo para proteger, así que me piro por la izquierda, por romos, subiendo pies, hasta que me quedo pillado.

La situación no es muy cómoda, no me veo los pies, estoy con la mano izquierda muy abajo, a la altura de las rodillas, cogido de un romo, no me veo los pies, y no encuentro nada para la mano derecha. Tengo el alien amarillo a diez (2) metros debajo mía. Ha ido llegando gente, hay como quince personas haciendo cola en el pie de vía, que ven lo mal que lo estoy pasando. Intento respirar para tranquilizarme, la vía aquí tumba algo, así que puedo aguantar mucho en ese sitio, lo cual no sé si es bueno. Sólo tengo que fiarme de unos pies que no sé dónde están puestos y de un Z4. Respiro, pinzo algo con la derecha, y subo despacito la izquierda, hasta coger un romo. Subo un pie a donde tenía la mano y ya está. Debería poner un seguro, pero me doy una excursión para relajarme. Para llegar a la reunión queda otro paso. De la R cuelga una cinta de un par de metros para hacer A0. Aún me queda adrenalina, así que meto un friend y llego a la R en libre. El largo se me ha hecho eterno, pero cuando llego a la R todavía está ocupada, así que puedo reposar un poco antes de recuperar a Montse.

El tercer largo es 5.8, y no tiene ningún misterio, es un diedro fisurado, totalmente vertical que va a parar a un techo que parece que tiene mucho canto. Al principio se deja hacer, hay cosas, sobre todo para pies, que permiten subir sin hacer esfuerzos excesivos. Y se protege a placer. Hasta que se acaba lo bueno. Llega un punto donde las cosas para pies desaparecen, y es duro pasar de estar en cantos buenos a la nada. Y todavía queda mucho largo, tengo el tres repetido, pero no me queda ningún dos, en el largo anterior he pasado miedo para todo el mes, está la presión del público. Además, he lazado un bloque empotrado, que no es lo mismo abandonar una cinta que un Camalot del 3. Así que para abajo. Me descuelga Montse, luego un par de rápeles, y a recoger el material.

Vemos a Tino y Xose completar el último largo de su vía. Ellos están muy fuertes, se la sacaron a vista. Cuando bajan, se ofrecen para subirnos por la clásica, pero no estamos para mucha fiesta, y además va a llover. La primera tormenta nos pilla antes de llegar al collado, pero es pequeña. Seguimos bajando, deprisa, y casi llegando al párking nos cruzamos con turistas que suben a ver los ibones, ignorantes de la que va a caer. Y pillaron, vaya que sí pillaron. Como nosotros, que por apenas diez minutos llegamos empapados al coche.

jueves, 4 de octubre de 2007

Icefields Parkway

Después de bajarnos del Mount Louis, tocaba jornada de descanso, así que nos dedicamos a seguir la Icefields Parkway, ruta que lleva de Lake Louise a Jasper, a través de parajes sorprendentes, glaciares, lagos turquesa y caudalosos cañones.

De entrada toca pagar. Unos 17 dólares por ser un grupo, o 9 por persona. Si no hubiéramos sido de Suecia, habríamos pagado la tasa anual de parques de Canadá, que son 6o pavos por barba, pero nadie nos dijo nada.

La ruta remonta el río Bow. Hacemos una primera parada donde observamos el Bow Lake y lo que queda del Crowfoot Glacier, al que ya le falta un dedo.

En Bow Summit hacemos otra parada, e incluso caminamos diez minutos para llegar a un mirador desde el cual admiramos el Peyto Lake. Otros diez minutos para volver al párking, nos obligan a un picnic para recuperar fuerzas.

Continuamos el camino, descendiendo paralelos al río Mistaya. Hacemos la segunda excursión del día para descubrir el Mistaya Canyon. Realmente espectacular. No es especialmente alto, de 10 a 30 metros, pero es estrecho, y el río es muy caudaloso.

Más adelante, cruzamos el rio Saskatchewan en Saskatchewan River Crossing, y lo remontamos hasta el Saskatchewan Glacier. Aquí hay un paseo de unos treinta minutos a Parker Ridge, desde donde hay una buena vista del glaciar, pero es andar demasiado, así que seguimos rumbo al Columbia Icefield.

Pero cuando ya lo teníamos al alcance de la mano, ocurre lo que nadie quería que ocurriera: se enciende el chivato de la gasolina. Y aquello no es como la A-2, que tienes una gasolinera cada 3 kilómetros, no. Entre SRC y Jasper hay 150 kilómetros y ninguna gasolinera. Más o menos como entre Aragnouet y Huesca un domingo por la noche. Así que toca retirada.

Deshacemos el camino, aprovechamos que la luz ha cambiado para intentar alguna otra foto, y llegamos a Banff a cenar.

lunes, 1 de octubre de 2007

Mount Louis

Después de bajar del Norquay, tomando una cerveza y hojeando el libro de Dougherty, Selected Alpine Climbs, nos decidimos a ir el día siguiente al Mount Louis. Tino y Xosé se meterían en la Kor/Fuller III 5.10d y Montse y yo nos aventuraríamos por la Kain Route (Normal Route) III 5.6/5.7 .

Y esa es toda la información que teníamos, ni metros, ni material. Una línea por encima de la foto de por dónde va el tema y ya está. Bueno, como es la normal, y algunas cordadas la destrepan, pues será por lo más fácil.

Así que al día siguiente madrugamos, pero no mucho, y nos metemos en el Edith Pass Trail para la aproximación. Donde decía hora y media hasta el pie de la pared quería decir dos horas y media. Bajo la cara Norte del Mount Edith nos separamos, ya que la Kain está en la cara SE, y la Kor en mitad de la Sur.

En el pie de vía sacamos los cascos y arneses, y la ferretería. La entrada es una trepada, así que aguantamos las cuerdas en la mochila hasta llegar a la primera reunión. Al principio la roca está algo descompuesta, son pendientes empinadas, herbosas, con gravilla. Hay que andar con ojo. Hacemos travesía a la izquierda, para centrarnos en el eje del corredor de la parte inicial de la vía. Aquí hay gravilla, pero menos, pero la roca está muy roca. Si coges un canto, te lo puedes llevar para casa, porque se mueve. Al final te acostumbras, y no pruebas los cantos, porque sabes que todos se mueven. Así que se trata de moverse con delicadeza, y no tirar hacia fuera de las cosas. Llevamos 120 metros de vía sin sacar la cuerda, y rozando el IV, cuando llegamos a la zona de 5.4. La roca sigue siendo mala, pero ahora se pone pino, así que toca montar reunión y sacar la cuerda. Pero no encontramos dónde meter un seguro, no hay fisuras mínimamente estables, ni nada que lazar. Tal vez se pueda clavar, pero no llevamos maza, así que toca retirada. Destrepamos la mitad de lo que habíamos subido, poniendo el doble de cuidado, y nos metemos en una travesía por terreno descompuesto hasta un pino, al que sólo le falta arriba una R de neón para indicar RAPEL. De hecho, ya tiene dos cintas puestas. Nos lo tomamos con mucha calma, comemos, bebemos, vemos un rebaño de Bighorn Sheeps (muflones), y cuando nos empezamos a aburrir, rapelamos con calma. Con 60 metros llegamos casi hasta el suelo. Podríamos destrepar, pero como ya hemos tenido demasiada roca suelta, hacemos medio rápel más, besamos el suelo y nos acercamos a la base de la cara Sur a ver las evoluciones de Tino y Xose.

Deben haber evolucionado mucho, porque en toda la cara sur sólo se ve a una cordada acabando la Gmoser Route III 5.8. Así que esperamos un rato a ver si se les ve aparecer por los rápeles. Se hace tarde, subo a donde deberían estar sus mochilas, en el pie de vía, y las encuentro. Están llenas, pero el cerebro no me da para mucho. Les escribo en una piedra que nos bajamos al coche. Y nos vamos para Banff. Bastante fundidos y algo deshidratados, llegamos al coche. Arrancamos y nos vamos al Safeway a comprar agua y alguna galleta, y volvemos al párking a esperar a los gallegos.

Llegan a las nueve, y nos cuentan su historia, que es parecida a la nuestra, pero a su medida. El primer largo muy roto, y el segundo de cerca de 6a, sin poder meter nada, así que se han bajado como han podido, y han subido al collado donde acaba la línea de rápeles a esperarnos, mientras nosotros les esperábamos en la base de la cara Sur.

El primer contacto con la roca de las rocosas ha sido bastante frustrante, habrá que elegir mejor los itinerarios.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Mount Norquay

"Scrambles in the Canadian Rockies", califica la ascensión al Mount Norquay como difficult, así que nos vamos para allí a ver qué hay.

Como tenemos coche, lo usamos para acercarnos a la estación invernal de Norquay, a cinco o seis kilómetros de Banff, a 1600 metros de altura. Dejamos el coche en el enorme y desierto párking, e intentamos situar el inicio de la ruta. Entonces ocurre algo que marcaría el rumbo del resto de nuestra estancia en Canadá:

Vemos dos tíos con aspecto de montañero!!

Nos acercamos, Hi y esas cosas, que pronto derivan en Habláis castellano, no?, con marcado acento gallego. Pues nada, son Tino y Xose, acaban de llegar a Banff, y pensaban darse un paseo para acercarse a ver el Mont Louis. Comentamos que vamos al Norquay, y que de arriba se verá bien, y tiramos todo para arriba.

La primera parte de la ascensión consiste en remontar la pista de esquí hasta alcanzar la parte superior de la estación. La pista es negra , pero de verdad, no como las de Valdesquí (allí le dan dos rombos). Después de sudar lo nuestro, llegamos al comienzo de la ruta. El libro, o lo que acertamos a entender, indica dos opciones, un muro en el fondo del corredor, o un escaqueo por la izquierda. Como no vemos claro el escaqueo, nos vamos al muro, que es más evidente. Es un tramo de unos diez metros, vertical a ratos, pero con mucho cazo, II o así. Después, unos trescientos metros de tartera fácil e incómoda nos llevan a la arista de la cima Este. Muy a lo lejos se ve la cima principal, la Oeste. Comprobamos que tendremos para un rato.

La arista de la cima este es entretenida. Mayormente fácil, con algún paso aislado, y una trepada de segundo por una chimenea para alcanzar una de las numerosas falsas cimas. Y el panorama, espectacular. Una vista aérea de Banff, con el Mount Rundle detrás, el vecino Cascade Mountain, bosques inmensos por todas las direcciones, la silueta del Assinniboine inconfundible en la distancia.

La bajada al collado entre las cimas este y oeste se hace por una tartera empinada, de piedra fina, muy cómoda para bajar. Después, prados hasta la base de la cima oeste. Hay un par de chimeneas que requerirían escalar demasiado, así que se cruza un corredor empinado y se flanquea hacia la derecha hasta ganar la arista, que se sigue con cuidado hasta la cima, con algún paso corto de II descompuesto. Allí nos echamos las fotos de rigor, escribimos algo en el libro de piadas, y echamos un vistazo al vecino Mount Louis.
Es espectacular, tiene un aire al Naranjo, con caliza gris y muy tieso por todos los ángulos. Lo apuntamos en la lista, y volvemos con cuidado hasta el collado. Después, remontamos la empinada pedrera suelta hasta la cima Este, con bastantes menos alegrías que a la ida, y deshacemos la entretenida ruta de ascenso.

Muy recomendable ascensión, 1000 metros de desnivel y un punto de dificultad (PD, más o menos). Un buen lugar para tomar contacto con la montaña en las rocosas.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Bow Valley Parkway

Patearse el asfalto de los accesos a Banff para llegar a las cabeceras de los trails se nos estaba haciendo duro, así que decidimos alquilar un coche. Pillamos un Chrysler PT Cruiser por 70 dolares al dia. Para dos personas sale algo caro, para cuatro ya es más barato que el transporte público o semipúblico.

Después de sembrar un poco el pánico por las calles de Banff, me entero más o menos de qué quiere decir D, N, R, 3 y 1 de la palanca de cambios. Un par de días después conseguiría no pisar el freno con el pie izquierdo.

Decidimos estrenar el coche dándonos un paseo por la Bow Valley Parkway. La carretera del parque transcurre por la orilla izquierda del Bow River, entre bosques. Paramos en la entrada del cañón Johnston. El parking está lleno de gente, así como el resto del camino. El sendero está acondicionado, hay barandillas en los pasos estrechos, y algún puente. Esta vez el cañón sí que es espectacular, en la Lower Fall hay un túnel excavado, y se puede sentir la fuerza del agua. La Upper Fall es un salto vertical, de unos treinta metros, y el resto del kilómetro y medio de cañón tiene rincones pintorescos. Las dimensiones no son especialmente llamativas, pero se compensa con el abundante caudal. El recorrido se completa en algo más de una hora, y volvemos al coche a continuar con el Parkaway.

La siguiente parada es para contemplar las espectaculares paredes verticales de Castle Mountain. En su momento se le cambió el nombre a Eisenhower Mountain, pero el transcurso de la historia a hecho retornar a la toponimia anterior. Para no quedar mal, la torre sureste se sigue llamando Eisenhower Tower. Continuando el camino se llega hasta la altura del Mount Temple, del que destacan los seracs que dominan la cara Norte. Y un poco más allí se llega a Lake Louise, uno de los motivos centrales del Parque Nacional de Banff.

En Lake Louise destaca la cantidad de gente que se acumula en las orillas para hacerse fotos. También hay un gran hotel de siete u ocho plantas, el Lake Louise Chateau, bastante menos agradable a la vista que el Banff Springs Hotel. Y claro, también el color turquesa del lago, y al fondo el glaciar del Mount Victoria. Una foto corriendo, y retomamos el camino hacia el lago Moraine.

El Moraine Lake es el lago de las fotos. Agua de color turquesa, bosques de pinos en la orilla izquierda y afiladas y escarpadas montañas en la orilla derecha, con algún resto glaciar. Así que aparcamos y nos encaramamos a la morrena para intentar conseguir alguna buena foto. El paisaje es grandioso, tanto que el objetivo no da para captarlo, así que si no llevas un gran angular hay que tirar de Photoshop para componer el escenario. Tiramos un montón de fotos, disfrutamos del entorno, y nos volvemos para Banff, que estamos de mudanza desde el camping al SameSun Hostel.


jueves, 6 de septiembre de 2007

Hoodoos, Bow Falls y Sundance Canyon

Después de la paliza del Minnewanka optamos por algo tranquilo, del camping bajamos al pueblo por la orilla del río y allí nos damos un paseo. Así que cogemos la guía de senderos, el mapa 1:100000, un bocata y una botella de agua, y nos atamos las botas. Como estamos en el camping, vamos primero a los hoodoos.

Los hoodoos son unas curiosas formaciones rocosas rollo Castildetierra, arenisca con un sombrero de roca más dura que les protege de la erosión. En Banff hay unos, justo al lado del Tunnel Mountain Campground (Village I). De la tienda al mirador llegamos en cinco minutos. Los hoodoos no son muy grandes, ni muy bonitos, pero salen en las guías y hay un párking donde suele haber autobuses que paran cinco minutos.

Después, tomamos el sendero (Hoodoos trail) paralelo a la carretera en dirección a Banff. Tras cosa de un kilómetro, la abandona, y atraviesa el bosque descendiendo hasta la orilla del Bow River, bajo los cortados de Tunnel Mountain. Este tramo es absolutamente bucólico, con el río, el bosque, las ardillas. Para disfrutar con calma. Una pequeña cuesta con una barandilla nos conduce a Surprise Corner, y las cosas cambian de repente.

Al otro lado del río el Spray River desemboca en el Bow, y hay grandes barcas hinchables con un remero y dos docenas de turistas con chalecos salvavidas, a modo de rafting. También una fila de turistas vadean a caballo el río Spray. Y hay más gente al otro lado del río. Y detrás destaca el tamaño del Banff Springs Hotel.
Pero la sorpresa son las Bow Falls. El Bow River, que lleva bien de agua, baja de golpe 15 o 20 metros, en una especie de rápidos, espectaculares y ruidosos. Todo muy escénico.
Después de los rápidos, el río vuelve a la calma, y entramos a Banff por el parque, de nuevo bucólico, a la orilla del río.

Lo cruzamos, y remontamos la orilla derecha del río en dirección al Sundance Canyon. Pasamos Cave & Basin, la cueva y el estanque de aguas termales que propiciaron el nacimiento del Banff National Park. Hay que pagar para visitarlas, así que pasamos de largo. Seguimos junto al río. La zona es pantanosa, pero el sendero está asfaltado, y es más propio para bicicletas que para peatones.

En una hora o así desde Banff se llega a la entrada del cañón, que es bastante flojito. No lleva demasiada agua, ni es encajonado ni tiene ningún salto remarcable. A pesar de eso, tanto el sendero que lo remonta como el de vuelta a través del bosque son agradables. Comemos algo, hoy sí, en el área de picnic y regresamos a Banff completando el Marsh Loop Trail, sendero que recorre la pantanosa orilla derecha del Bow, y acabamos llegando a Banff, al Cascade Garden, bucólico sup. Otra vez se nos ha vuelto a ir la mano con los kilómetros, y otra vez demasiado asfalto. Pero al menos ya nos hemos quitado los senderos de Banff y alrededores.

martes, 4 de septiembre de 2007

Lake Minnewanka

Esta es nuestra primera salida al campo en Canadá. Todavía no acabamos de estar seguros de cómo de peligrosa es la fauna salvaje por aquí, así que no arriesgamos y optamos por salir del Camping por la carretera, y recorrer el Tunnel Mountain Road hacia el Norte hasta su cruce con Banff Avenue. Aquí cruzamos la autopista, descubriendo que los pasos canadienses en Canadá se llaman Texas Gate. Habrá que ir a Texas para ver cómo se llaman allí.

Una vez cruzada la transcanadiense ya nos encontramos en el campo. Abandonamos el asfalto, y nos encaminamos por un sendero hacia Bankhead, que aún no sabemos qué es. A nuestra izquierda, Cascade Mountain levanta 1500 metros, y tiene un aire que recuerda al Marboré, pero la Cascada de aquí es algo más tumbada.

Llegamos a Lower Bankhead y podemos leer que es un pueblo minero, abandonado, del que apenas quedan los cimientos de algún edificio ,unos montones de polvo de antracita y un pequeño tren impulsado por aire comprimido. En Upper Bankhead el bosque ha recuperado su espacio, y los restos apenas destacan.

Tomamos el Cascade River Trail un rato, y después la carretera al lago Minnewanka. El lago es enorme. Está represado, y tiene un embarcadero, de donde salen barcos para dar un crucero. La otra punta del lago está a 25 kms, así que debe llevar un rato llegar hasta el otro lado. Un sendero, el Lake Minnewanka Trail, recorre la orilla derecha del lago, enlazando con el Aylmer Pass Trail que lleva al Ghost River.

Hay un gran área recreativa junto al embarcadero. Vamos algo justos de comida, así que nos tomamos una hamburguesa en un chiringuito. Banner y Flapy merodean en busca de algo de comida para gorronear. Continuamos por la orilla del río hasta el Steward Canyon, extrañamente rectilíneo, que lleva el agua del río Cascade hasta el lago.

Más adelante del cañón el sendero está cerrado. Los osos frecuentan la zona del Aylmer Pass en esta época del año, y ha habido un ataque a un excursionista, así que no se puede seguir más. Tampoco estamos para mucho más, así que vuelta para el pueblo, cruzando Bankhead de nuevo, y llegando a los estanques de la cascada (Cascade Ponds), que habíamos pasado de largo a la ida. Echamos unas cuantas fotos más, y acabamos llegando a Banff, rendidos. Nos fijamos bien en el mapa, y vemos que los cuadrados son de 2*2 km, en vez de 1*1, y que hemos pateado un buen pedazo. Seis horas o así.