Parc Güell.



Como soy un inculto iletrado, tampoco me voy a extender mucho, así que sólo diré que el Parque Güell me pareció un derroche de imaginación, creatividad y buen gusto.
Casa Milá y Casa Batlló merecen un vistazo, pero por fuera, porque al precio que está la entrada parece que no hubieran acabado de pagar la hipoteca.
Para acabar, dimos una vuelta a la Sagrada Familia. Asombra ver como la genialidad de una persona marca el carácter de una ciudad entera.
Me encantó la visita, sin duda me volveré a dejar caer por ahí alguna tarde. Intentaré llevar la cámara de fotos, a ver si consigo sacar algo en claro.

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