lunes, 24 de septiembre de 2007

Penya Ginesta

Aprovechando la ilustre visita de Gabi, decidimos acercarnos al Garraf a probar la vía de Félix, "Arqueología transmediterránea". La previsión meteorológica no es muy buena, pero esperamos que aguante. A las nueve nos encontramos con David, de Girona, en Bellaterra, y nos dirigimos para allí. A la altura de Sant Boi una primera tormenta nos amedrenta bastante.

Cuando aparcamos en Port Ginesta, decidimos que no es el día, así que dejamos todo en el coche y nos damos un paseo hasta el pie de vía. Cuando llegamos al final del puerto nos damos cuenta de que no es el día, ni el puerto, y que la Falconera no está en Port Ginesta sino en el Port del Garraf, algo más al Sur. Entre que volvemos al coche, nos desplazamos al Garraf y encontramos el pie de vía, la roca se ha secado, y el inicio de la vía pinta bien. Nos entran las ganas, volvemos al coche, sacamos las cosas para escalar y nos pasa por encima una segunda tormenta.

Así que llevados por la desesperación nos acercamos a Penya Ginesta, y al menos sacamos las cuerdas y escalamos algo.

Hacemos los terceros de la derecha con la roca algo mojada.
Después, Gabi y David se meten en Zoe 3 (V), saliendo por la fisura de la izquierda, mientras Montse y yo disfrutamos de combinar la entrada de Normal (IV) con la salida de Ja no es normal (IV+).

Para acabar, me meto en Zoe 3, y la encadeno al límite y Gabi hace montones de cosas para llegar a la reunión de la pulidísima la Plana (V?), y se desquita encadenando Ja no es normal.

Como la aproximación es corta, viene bien como plan B o para escalar a última hora. El equipamiento es correcto en las vías que probamos, pero todo está muy pulido, lo que indica que también estará masificado con buen tiempo y no demasiado calor.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Mount Norquay

"Scrambles in the Canadian Rockies", califica la ascensión al Mount Norquay como difficult, así que nos vamos para allí a ver qué hay.

Como tenemos coche, lo usamos para acercarnos a la estación invernal de Norquay, a cinco o seis kilómetros de Banff, a 1600 metros de altura. Dejamos el coche en el enorme y desierto párking, e intentamos situar el inicio de la ruta. Entonces ocurre algo que marcaría el rumbo del resto de nuestra estancia en Canadá:

Vemos dos tíos con aspecto de montañero!!

Nos acercamos, Hi y esas cosas, que pronto derivan en Habláis castellano, no?, con marcado acento gallego. Pues nada, son Tino y Xose, acaban de llegar a Banff, y pensaban darse un paseo para acercarse a ver el Mont Louis. Comentamos que vamos al Norquay, y que de arriba se verá bien, y tiramos todo para arriba.

La primera parte de la ascensión consiste en remontar la pista de esquí hasta alcanzar la parte superior de la estación. La pista es negra , pero de verdad, no como las de Valdesquí (allí le dan dos rombos). Después de sudar lo nuestro, llegamos al comienzo de la ruta. El libro, o lo que acertamos a entender, indica dos opciones, un muro en el fondo del corredor, o un escaqueo por la izquierda. Como no vemos claro el escaqueo, nos vamos al muro, que es más evidente. Es un tramo de unos diez metros, vertical a ratos, pero con mucho cazo, II o así. Después, unos trescientos metros de tartera fácil e incómoda nos llevan a la arista de la cima Este. Muy a lo lejos se ve la cima principal, la Oeste. Comprobamos que tendremos para un rato.

La arista de la cima este es entretenida. Mayormente fácil, con algún paso aislado, y una trepada de segundo por una chimenea para alcanzar una de las numerosas falsas cimas. Y el panorama, espectacular. Una vista aérea de Banff, con el Mount Rundle detrás, el vecino Cascade Mountain, bosques inmensos por todas las direcciones, la silueta del Assinniboine inconfundible en la distancia.

La bajada al collado entre las cimas este y oeste se hace por una tartera empinada, de piedra fina, muy cómoda para bajar. Después, prados hasta la base de la cima oeste. Hay un par de chimeneas que requerirían escalar demasiado, así que se cruza un corredor empinado y se flanquea hacia la derecha hasta ganar la arista, que se sigue con cuidado hasta la cima, con algún paso corto de II descompuesto. Allí nos echamos las fotos de rigor, escribimos algo en el libro de piadas, y echamos un vistazo al vecino Mount Louis.
Es espectacular, tiene un aire al Naranjo, con caliza gris y muy tieso por todos los ángulos. Lo apuntamos en la lista, y volvemos con cuidado hasta el collado. Después, remontamos la empinada pedrera suelta hasta la cima Este, con bastantes menos alegrías que a la ida, y deshacemos la entretenida ruta de ascenso.

Muy recomendable ascensión, 1000 metros de desnivel y un punto de dificultad (PD, más o menos). Un buen lugar para tomar contacto con la montaña en las rocosas.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Bow Valley Parkway

Patearse el asfalto de los accesos a Banff para llegar a las cabeceras de los trails se nos estaba haciendo duro, así que decidimos alquilar un coche. Pillamos un Chrysler PT Cruiser por 70 dolares al dia. Para dos personas sale algo caro, para cuatro ya es más barato que el transporte público o semipúblico.

Después de sembrar un poco el pánico por las calles de Banff, me entero más o menos de qué quiere decir D, N, R, 3 y 1 de la palanca de cambios. Un par de días después conseguiría no pisar el freno con el pie izquierdo.

Decidimos estrenar el coche dándonos un paseo por la Bow Valley Parkway. La carretera del parque transcurre por la orilla izquierda del Bow River, entre bosques. Paramos en la entrada del cañón Johnston. El parking está lleno de gente, así como el resto del camino. El sendero está acondicionado, hay barandillas en los pasos estrechos, y algún puente. Esta vez el cañón sí que es espectacular, en la Lower Fall hay un túnel excavado, y se puede sentir la fuerza del agua. La Upper Fall es un salto vertical, de unos treinta metros, y el resto del kilómetro y medio de cañón tiene rincones pintorescos. Las dimensiones no son especialmente llamativas, pero se compensa con el abundante caudal. El recorrido se completa en algo más de una hora, y volvemos al coche a continuar con el Parkaway.

La siguiente parada es para contemplar las espectaculares paredes verticales de Castle Mountain. En su momento se le cambió el nombre a Eisenhower Mountain, pero el transcurso de la historia a hecho retornar a la toponimia anterior. Para no quedar mal, la torre sureste se sigue llamando Eisenhower Tower. Continuando el camino se llega hasta la altura del Mount Temple, del que destacan los seracs que dominan la cara Norte. Y un poco más allí se llega a Lake Louise, uno de los motivos centrales del Parque Nacional de Banff.

En Lake Louise destaca la cantidad de gente que se acumula en las orillas para hacerse fotos. También hay un gran hotel de siete u ocho plantas, el Lake Louise Chateau, bastante menos agradable a la vista que el Banff Springs Hotel. Y claro, también el color turquesa del lago, y al fondo el glaciar del Mount Victoria. Una foto corriendo, y retomamos el camino hacia el lago Moraine.

El Moraine Lake es el lago de las fotos. Agua de color turquesa, bosques de pinos en la orilla izquierda y afiladas y escarpadas montañas en la orilla derecha, con algún resto glaciar. Así que aparcamos y nos encaramamos a la morrena para intentar conseguir alguna buena foto. El paisaje es grandioso, tanto que el objetivo no da para captarlo, así que si no llevas un gran angular hay que tirar de Photoshop para componer el escenario. Tiramos un montón de fotos, disfrutamos del entorno, y nos volvemos para Banff, que estamos de mudanza desde el camping al SameSun Hostel.