martes, 10 de abril de 2007

Marrakech. Episodio I

Madrugamos para llegar al Aeropuerto del Prat. Facturamos, desayunamos y pasamos a la sala de embarque. ClickAir no asigna asientos, así que "tonto el último", según entras en el avión te sientas. El vuelo sale bastante puntual, y aterrizamos disfrutando de unas primeras vistas del Atlas, que desde lejos parece estar bien de nieve en cotas altas.
Pasamos la aduana, recogemos el equipaje, los de seguridad nos escanean los petates y casi nos requisan los walkies del Lidl (443 MHz), por no llevar licencia. Sacamos pasta, y salimos a la calle a buscar un taxi para subir a Imlil. Son las once de la mañana, tenemos tiempo de sobra.
¿Un taxi?
Lo habitual es tener que abrirse paso a la entrada del aeropuerto, apartando a los taxistas, pero esta vez no. No se ven taxis, ni grandes ni pequeños. Se forma una cola para esperar el autobús, y un asturiano con acento gallego nos cuenta que hay huelga de taxis, que puede que se arregle por la tarde, pero que lo único para salir del aeropuerto es el bus. Tomamos pues el bus, y nos acercamos a Djema el Fna, para intentar negociar un transporte. Del Hotel Ali nos redirigen a Sahara Expeditions. Nos atienden de forma amable, y después de hacer bastantes llamadas, nos consiguen un transporte para siete a última hora de la tarde, por 1400 dirhams. Nos piden 600 dirhams de fianza, y dejamos la pasta y todo el material en la agencia, y nos vamos a tomar un zumo de naranja en Djema el Fna y un té a la menta en la Koutoubia, sin saber que vamos a encontrarnos luego. La desconfianza es una mala cosa, aquello de que te vas un mes de vacaciones, y te lo pasas entero pensando que tal vez te has dejado abierto el gas.
A las cinco y media nos pasamos por la agencia, y justo llega el chofer, media hora antes de lo acordado. Los petates están, claro, y el minibus es amplio y confortable. Le decimos que hay que ir al aeropuerto, y nos piden más pasta. El trato es casi usurero, pero con la huelga de taxis, el margen de negociación es mínimo.
Vuelta al aeropuerto.
Cuando crees que ya todo está arreglado, las cosas se tuercen de verdad. El resto del grupo, que viene con Iberia, acaba de aterrizar y pasar la aduana, pero un petate no ha salido por la cinta. El panorama es desolador, está anocheciendo, Marrakech está lleno de turistas, conseguir una habitación es un marrón, conseguir otro transporte es otra pasta, así que aprovechamos lo que tenemos, y nos subimos todos para la montaña, esperando que el tiempo cambie. Llegamos a Imlil, hacemos un porteo tonto hasta el albergue de Habib , nos sirve un couscous excelente, nos enteramos de que el petate que falta existe y está en Barcelona aún, y nos vamos a dormir, por fin.

martes, 3 de abril de 2007

Rumbo a Marrakech


Mañana nos vamos a Marrakech, para acercarnos al Atlas.
Ya he estado un par de veces, también en Semana Santa, en 2003 y 2004, pero no por eso deja de hacerme ilusión. El primer año la altura me impresionaba un poco, tema cuatromiles, y tal, y también era la primera vez que salía de Europa, si tenemos en cuenta que las Canarias están en un cuadrito al SE de las Baleares.
Esta vez vuelvo con ganas de sentir otra vez la plaza de Marrakech, de visitar el zoco, de regatear baratijas, de cambiar ropa por cosas, y también, claro, de hacer montaña, de intentar la circular del Toubkal, de subir el Afella, de repetir el Bigui. Parece que hay buenas condiciones, sólo falta que la fuerza nos acompañe, y que ClickAir no nos deje tirados en el Prat o nos haga alguna pirula con los bultos. La vuelta con Royal Air Maroc será otra historia, pero me da más miedo quedarme aquí de ida que allí de vuelta.

domingo, 1 de abril de 2007

Fíate y no corras

Ayer estuvimos en la Font de l'Ametlló, con Zorat. Había llovido toda la noche, y nos rajamos en principio, pero en cuanto salió el sol, preparamos la mochila y salimos para allí.
Cuando llegamos, ya estaba Zorat sin camiseta.
De escalar, poco, un quinto que sale, y un 6a+ que se amonotona bastante, después de un rato largo penando, acero y parriba. El sexto tendrá que ser otro día.
Por el otro lado de la escuela, en la vía número 20, peta un químico de la reunión (Compte amb la reunió, en las reseñas de Oskar y Pere).
El escalador sólo había pasado la cuerda por el químico que se movía, y cuando se ha colgado se ha partido. La gravedad actúa, y le lleva hacia el suelo. Por suerte, aún está pasada la cuerda por el seguro anterior. El asegurador acaba en la primera chapa, y el escalador en el suelo, sin más daños que los morales, después de un vuelo de 15 metros.
Pues eso, que fíate y no corras.